AUSCHWITZ


 

Siempre me interesó la mirada de Pierre Bourdieu sobre el concepto de habitus, y como se puede manifestar en los sitios de memoria, donde mas se interpelan o se "descolocan".
Esto de pensar que las políticas de memoria que configura el Estado junto con organismos de derechos humanos se manifiesta en esos habitus muy particulares cuando se transitan estos espacios (seguramente debatible)

Las personas adquieren habitus, es decir, están (pre)dispuestas a disfrutar de ciertas experiencias (tener compactos de música clásica o moderna, gustar de la puntura abstracta o naturalista, etc.). Por habitus, no debe entenderse “hábitos” o prácticas adquiridas, hechas por costumbre, pues el habitus existe antes que ellas, generándolas, dándoles forma: estructurándolas. Los habitus son principios cognitivos o formas básicas de visión del mundo que: a) están estructuradas porque guardan una relación con la posición social de las personas y b) son estructurantes, porque originan en esas mismas personas un conjunto de prácticas y representaciones estructuradas por su mismo funcionamiento. Para Bourdieu hay que hablar tanto de habitus individuales como de clase (o grupo social), ya que la variación objetiva de los habitus resulta de similares condiciones previas de existencia. Si se analizan en detalle los consumos culturales de las clases alta, media y baja, se concluirá que los gustos efectivamente permiten unas “elecciones”, pero que ellas se realizan sólo dentro de un horizonte definido de posibilidades (quien es un entrenado lector de literatura clásica, difícilmente consuma best-sellers románticos). Bourdieu pensaba en los habitus como sistema de disposiciones subjetivas: los habitus culturales de los grupos o clases originan representaciones y prácticas (por ejemplo, gustos y consumos culturales) que se distinguen, muchas veces rechazándose entre sí. Mas aún, los gustos expresados en los distintos consumos culturales, originan calificaciones y clasificaciones de las personas que tienen el mismo gusto, y de aquellas otras que tienen otros gustos (y, generalmente, pertenecientes a otro grupo). Lo que lleva a pensar que sin un “sistema de gustos” no existirían los gustos. Los habitus impulsan en las personas mecanismos ideativos tanto de aceptación como de evitación (por ejemplo, quien compra un libro de J. L. Borges sabe que representa la “alta” literatura, y considera literatura “vulgar” a la que escribieron otros autores “evitables” y que consumen otras personas distintas a él, a los que, por transición, calificará como “vulgares” y “evitables”).

La selfie, el caminar en las vías del tren, el retratar el horror con el teléfono, el llanto quebrado que no permite pensar en una foto, todas esas reacciones eran tan visibles en Auschwitz por los turistas que variaba según el pais de donde venían, por lo menos en términos de consumo cultural.
Creo que nunca voy a olvidar la experiencia de ser el único argentino en una manada de españoles que buscaban consumir este espacio con prácticas al estilo "Louvre", parecían chipeados buscando interrupir la escena con un exaltado individualismo como para mostrar que estaban en un sitio que pagaron por visitar mas que de memoria. Actuaban literalmente y no soy quien para suponer cómo difundirían su experiencia.
Me acuerdo que hace un par de años llevé a un grupo de la escuela para ver la muestra que instalamos con los hermanos y familiares de Tomás Abad (artista desaparecido de la Zona Norte) en el Museo de la Reconquista y una de las estudiantes buscó la misma foto, una selfie mostrandose feliz de estar en un museo. Creo que ahi me di cuenta del tipo de acceso que tenemos a este tipo de espacios, a la recurrencia y a las políticas educativas de memoria que aún en nuestros tiempos son tan importantes de abordar en las escuelas.
Lejos del enojo, en el aula se charló sobre las emociones que les provocó la muestra.

 Fotografias: Gustavo Suarez

Diseño de Gustavo Suarez

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