Hoy 1 de Mayo, en el día internacional de lxs trabajadores, me acuerdo de mi primer laburo como trabajador solidario en el Merendero de la Parroquia San Roque allá por el año 2003. Todavía se sentía la crisis en los barrios de Tigre, en especial por la Ruperto Mazza, y el merendero se llenaba de infancias cada sábado. Creo que eran alrededor de 50 niños y niñas que iban porque montabamos entre 3 o 4 mesas a veces con mis compañeras de escuela. Todxs del barrio. Era la primera vez que empecé a militar y, más grande, caí que estaba “militando” en la iglesia Nuestra Señora de Carupá. Tenía 16 años.
Servimos meriendas, algunas veces íbamos a las panaderías a buscar las donaciones, armábamos las pascuas y los cumpleaños, ayudabamos con tareas de la escuela y yo particularmente les enseñaba a dibujar y pintar. Me acuerdo que hasta hicimos obras de teatro del Chavo para el día de las niñeces. Era toda una movida y el plan de cada fin de semana.
Nunca me sentí orgulloso de una escuela en particular, ni mucho menos de haber estudiado en el Marcos Sastre, hasta ahora lo niego cuando me interpelan en ese colegio, yo siempre estuve viajando en escuelas de islas y de otros barrios de Tigre, hasta en Luján estudié. El cariño que le tenía a la escuela pública era por mi vieja, y mi secundario fue lindo por mis compañeras con quién militaba con la iglesia, el MS estaba muy disociado de la realidad, no recuerdo más que una venta de bombones artesanales que haciamos a pulmón para una materia del querido Juan Carlos Martin (QEPD), después nada mas que haya impulsado la escuela en aquellos años, y eso que venía de una escuela que tenia comedor, que tenía talleres contra turno de arte, que estaba conectado con la comunidad.
Cuando comencé a trabajar en el Marcos Sastre, pude reconocer por una mamá que también iba a merendar, dos de esos niños estaban en la escuela. Fue en el periodo de conectar igualdad, de la llegada de miles de libros, de proyectos hermosos y políticas sociales que acompañaban a esas familias a las que una vez le dábamos las facturas que sobraban. Me acuerdo que cuando los vi, me emocioné muchísimo, con la alegría de ver adolescentes con linda ropa, con su computadora, sonriendo a carcajadas. Ni siquiera quise hablarles para ver si me recordaban, no quería traer a ese hermoso presente un pasado tan doloroso de nuestro territorio, pero sin lugar a dudas fue ese recuerdo lo que me hizo comenzar a trabajar los proyectos de Escuela Solidaria con los merenderos, sin caer en “asistencialismos”, cómo me calificaron algunxs dentro de la escuela, todo gestionado desde lxs estudiantes. Cada año era maravilloso, aún tengo en mi cabeza las sonrisas de mis estudiantes de lo bien que la pasaron cuando iban a trabajar al merendero de El Lucero. Gracias Adrian Rossin por darme el espacio para estos proyectos, en este día hoy quiero recordarte como quien me abrió tantas puertas en esa escuela y a quienes luego me dieron la oportunidad de esa continuidad.
Tengo la firme convicción de que la memoria colectiva que tenemos los docentes en nuestra espalda viene del barro del barrio, que de ahi venimos y que ahí tenemos que pelearla con más proyectos de memoria y derechos humanos. Que no sean solo un reclamo, que sean acciones concretas y que involucre al compañero y compañera, que se meta con nosotros para “no ser siempre lxs mismxs”. No es ninguna novedad que fuimos vulnerabilizados, ya forma parte de nuestra historia, marcar como una sorpresa que hay una crisis es repetir el mismo titular desde el 2015, por eso es que hay que acompañar a lxs profes en nuevas experiencias, en retornar al territorio tigrense con nuestra memoria y la aplicación de políticas educativas que están y que pocos conocen. Todxs somos comunidad educativa, todxs tenemos derecho a ser parte, todxs somos laburantes.
Fotografías: Daniela Cardozo (ex alumna de EES9 Marcos Sastre)
Edición: Gustavo Suarez
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